El desafio de Adam

El desafío de Adam
Lleno de dolor y culpa, Adam cruzo los portales del Jardín del Edén, cabizbajo, y los pies pesados de remordimiento y dolor. De pronto se detuvo. Lo había invadido un pensamiento. Dio media vuelta, miro a lo alto y exclamó:
¡Todo estaba planeado! ¡Ese fruto fue puesto en el jardín sabiendo que yo lo comería! ¡Esto es un complot! Y lo puedo demostrar: en la Torá que compusiste antes de que el mundo fuese creado, escribiste: ¨así se debe hacer cuando un hombre muere…
¨ ¡O sea que ya tenías planeado que habría muerte en el mundo! ¡Sólo querías que fuese por mi culpa! ¨
El Midrash no registra ninguna respuesta al grito de Adam. Solo silencio.
D´s vio la magnificencia del alma humana y preguntó:
-¿De qué modo habrá de realizarse toda esta grandeza?
Y así, concedió al hombre libre albedrío para elegir sus propias victorias o sus propios errores.
Sin fracasos, el hombre jamás llegaría a lo profundo de su alma. Solo al fracasar puede emprender el regreso y alcanzar cada vez mayores alturas, sin fin.
En estos días previos a Rosh Hashaná tomamos conciencia del libre albedrío que rige nuestras decisiones y nuestras vidas. Sabemos que somos responsables de nuestros aciertos y de nuestros errores y tenemos la grandeza suficiente para arrepentirnos y reparar cada vez que nos equivocamos y nos desviamos del camino.