12 Setiembre, 2005
Septiembre 12
Sucede que los más imperfectos son los que más perfección exigen;
los menos humildes son los menos fáciles de tolerar las faltas de humildad en los otros.
El más humilde es el más comprensivo con las faltas de los demás,
el más perfecto es el más comprensivo con las imperfecciones de los demás, porque la virtud es la comprensión con lo no virtuoso,
y la imperfección es la intransigencia aun con la misma virtud.
Si eres intolerante con los demás, con tus familiares, con tus tus hijos, con tus dependientes, con tus vecinos.... ¿no será porque no eres tú suficientemente perfecto?
Siempre es bueno juzgarse a sí mismo, antes de pretender juzgar a los demás.
Pero, eso sí: juzgarse a sí mismo con entera imparcialidad y no con un certificado de buena conducta, que nos extendemos ya antes de iniciar juicio.
Los cinco minutos de Dios de Alfonso Milagro
Silvia Mónica del Rio
San Guillermo-Santa Fe-Argentina