El país del disparate por Enrique Pinti.

El país del disparate - de Enrique Pinti
Un ex presidente que no pudo poner coto a saqueos de supermercados (ojo que lo de coto no es un chivo publicitario) y a consecuencia de un desbarajuste económico memorable debió salir precipitadamente (eufemismo por no decir que rajó "como rata por tirante") reclama, desde el exterior donde se encontraba de visita, orden urgente, límites y rigor de dura lex para los revoltosos a los que hay que poner urgente coto. .
Un funcionario del Gobierno le responde calificándolo de represor que quiere ver correr sangre y lo compara con los dictadores militares que, casualmente, ese ex presidente tuvo el coraje de juzgar y condenar para luego –todo hay que decirlo– poner punto final (que en la Argentina siempre querrá decir puntos suspensivos) y justificar a los que ejecutaron órdenes de extrema crueldad como "obedientes a la autoridad sin culpa ni cargo". .
Un obispo fiador no se fía de la autoridad presidencial y reclama orden para evitar el desmadre, que una parte importante de la cúpula de la Iglesia atribuye a la falta de planes sociales reales que incluyan al desposeído, en lugar de excluirlo. Así se lo dicen en duras homilías al mismo Presidente, al que al mismo tiempo acusan de débil por no reprimir las manifestaciones y los cortes de ruta de los excluidos. .
Una opositora, famosa por su dureza y explosiva en sus declaraciones, reclama mayor serenidad mientras el Gobierno le reclama prudencia en sus dichos. O sea que la imprudente pide prudencia y los imprudentes le reclaman prudencia con tono airado que hace responder airadamente a la imprudente, de pronto reflexiva y serena. ¡Encantador! .
Otro ex presidente de colorido pasado reciente dice que el Presidente no es peronista; que peronista, lo que se dice pero-nista, es él. Acusa al Gobierno de transversal, pero olvida el ex –y no sólo el ex, sino unos cuantos millones de argentinos también– que el propio Perón buscó alianzas con la odiada izquierda para avalar su retorno, y que en sus dos períodos de presidencia pactó e incluyó en su gobierno a prominentes figuras de un gorilismo tan notorio que a veces sus apellidos se pronunciaban como sinónimos de furibundo antiperonismo, sin importarle el pasado, que "había que superar en aras de una apertura al mundo"; una apertura no de brazos, sino de piernas, que tan bien calificó aquel concepto ditelliano de las "relaciones carnales". .
Otro ex presidente de prominente cabeza es acusado por un piquetero oficialista como gestor de crímenes aberrantes; el susodicho ex no reacciona (lo cual es mucho más alarmante), pero se lo desagravia en el Congreso y no se disimula la tirantez y frialdad en las relaciones con el Presidente, que aceptó el apoyo de la gran testa bonaerense con el precepto tan habitual de la dirigencia política: "Primero pacto con Satanás y llego al poder, y después vamos viendo". Vamos viendo cómo lo embromo a Satanás sin que Satanás se avive. Claro que ya se sabe lo vivo que es Satanás. Si no entregás algo va a ser muy difícil que el pacto se respete, y el "vamos viendo" se puede transformar en: "Hasta aquí llegó mi amor, y agarrate Catalina, que vamos a galopar". .
Si a este panorama delicioso agregamos a otro ex presidente balbuceando claramente que a él lo sacó Tinelli, tendremos el cuadro actual, donde muertos que se asustan de degollados reclaman a los demás lo que ellos no supieron o no pudieron hacer, donde gobernantes piden a gritos que no les griten o que al menos se callen cuando gritan así gritan en silencio, que es la manera más democrática de gritar, y donde los opositores dicen que no ponen palos en la rueda simplemente porque creen que el Gobierno no tiene ni siquiera un vehículo con ruedas. .
Oficialismo autista, oposición sin propuestas y ese discreto encanto de vivir en el país del disparate. .