Ahí, donde

En la blanda cavidad de mi cuerpo ardes.
En el espacio donde impera la noche tiemblas.
En las sombras, donde los dementes clemencia piden,
te arrodillas.
En la profundidad del sueño roto apareces.
En nombre del Maestro que llegó a salvarnos, imploras.
Ahí, donde el olvido a jirones llega, palpitas.
Ahí, donde tu memoria no tiene sosiego, existo.
Ahí, donde el alma absorta se ciñe uno a uno,
yacemos juntos.
Ahí, donde mi corazón oprimo,
antes de que el llanto llegue y me avergüence, te desconozco.
Ahí, donde mi delgado silencio te interroga,
te perdono.
Lina Xeron