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Anápolis: ¿Será distinta a Camp David? America's Daily/ Diario de America.- November 09th/2007

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America Latina y Oriente Medio
Anápolis: ¿Será distinta a Camp David?

http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=2575
 
Por George Chaya Exclusivo para America's Daily/ Diario de America 11/09/2007
 
 
En las presentes rondas diplomáticas es más que evidente que los interlocutores de ambas partes enfrentan posiciones internas inestables. La coalición que gobierna Israel colapsó y los niveles de aprobación del gabinete se miden en sus puntos más bajos. La eliminación de los asentamientos de Cisjordania constituiría una experiencia traumática para Israel; tanto más, cuanto que las concesiones israelíes -retirada de los asentamientos- “son concretas, inmediatas y permanentes”, mientras que las concesiones árabes -reconocimiento de Israel y normalización de las relaciones- “son abstractas y revocables”.
 

Condoleeza Rice ha expresado claramente cómo espera la administración Bush que se desarrolle el actual proceso de paz palestino-israelí. El presidente palestino, Mahmud Abbas, y el primer ministro israelí, Ehud Olmert, llevarán a cabo encuentros preparatorios para definir los elementos más importantes de un futuro acuerdo. Finalmente el Dossier preliminar será presentado ante una conferencia internacional que se reunirá en Anápolis, Maryland, a fines de noviembre. Aunque es mas que evidente que tanto palestinos como israelies tienen en claro sus propias posiciones, pero no así el resultado final de la Cumbre. Así, las partes trabajan y entienden que la particularidad de Anápolis “es que el resultado estará acordado de antemano”. 

Lo que continúa en el terreno de lo incierto e impredecible, es que a los acuerdos a los que se pueda arribar puedan ser definitivamente implementados dado que el devenir de la historia nos muestra que las partes han esgrimido argumentos posteriores a cualquier acuerdo que dieron al traste con las aproximaciones logradas.

La jefa de la diplomacia israelí, Tzipi Livni, ratifico horas pasadas en Jerusalén a su colega estadounidense, Condolezza Rice, que la seguridad de Israel está por delante de cualquier exigencia, aun la de la creación de un Estado Palestino. La ministra israelí de Relaciones Exteriores tiene muy clara la distinción entre los dirigentes palestinos "pragmáticos" y el movimiento islamista de Hamas.

Para Livni la dirigencia pragmática palestina debe entender que la puesta en marcha de futuros acuerdos solamente tendrá lugar en concordancia a las fases de la “Hoja de Ruta", aunque el escollo mayor, es que este plan de paz internacional actualmente se encuentra en punto muerto. Esto significa que lo primero es la seguridad de Israel y después la creación de un Estado palestino. Estas declaraciones de la Jefe de la diplomacia israelí indican que su gobierno no quiere un nuevo Estado terrorista en la región. Puesto que ello no está dentro de los intereses de Israel, ni de la dirigencia palestina pragmática. Hasta aquí no hay elementos negativos que puedan ser apreciados por los países árabes moderados.

Pero Livni ha insistido en una Jerusalén indivisa como capital y no se pronuncio aun respecto de permitir un retorno de los refugiados palestinos. El lado árabe ha igualado las negativas israelíes negándose a reconocer a Israel sobre ninguna frontera; insistiendo luego en las fronteras de 1967 que nunca fueron reconocidas cuando existían y exigiendo un derecho irrestricto de los refugiados a volver a Palestina con la consiguiente derivación demográfica que supone el superar a la población judía del Estado de Israel.

Es evidente que el proceso previo está siendo impulsado a partir del supuesto de que las partes pueden ser llevadas a aceptar a fines de noviembre -o que ya han aceptado tácitamente- el llamado Plan Taba del año 2000, recordemos que Taba fue desarrollado luego de la fallida reunión de Camp David por “representantes y negociadores técnicamente no oficiales” y establecía entre otras cosas:

  1. Un retiro israelí concreto hasta las fronteras de 1967, reteniendo sólo los asentamientos alrededor de Jerusalén pero achicando “el corredor” entre Haifa y Tel Aviv.
  2. El Estado palestino a crearse se vería compensado con una parte de territorio israelí equivalente –posiblemente- al subpoblado Neguev.
  3. El gobierno israelí estaría dispuesto a ceder los barrios árabes de Jerusalén como capital de un Estado palestino.


La visión del Gobierno Olmert

Si la situación es llevada realmente hasta el Plan Taba, reflejaría un cambio muy significativo en las posiciones de ambas partes. Es probable que el gobierno de Olmert este viendo en La Intifada y el avance global del islamismo radical que su Estado se encuentra bajo la amenaza concreta de varios peligros, a saber: 

Primero: Un escenario de posibles y concretas vulnerabilidades crecientes, donde la principal amenaza no será una guerra convencional como las del pasado. Sino que este nuevo peligro seran los ataques de grupos terroristas sin una geografía definida operando desde células pequeñas, mimetizadas y móviles. 

Segundo: El insoluble problema demográfico, ya que la alternativa a una solución de dos Estados podría ser “un solo Estado” donde la población judía pase a ser minoría. 

Tercero: La presión concreta y la amenaza existencial del Estado de Israel ante la proliferación nuclear regional, especialmente por parte de Irán.

Cuarto: Un escenario internacional en el que Israel se encuentre cada vez más aislado debido a la creciente posición anti-israelí en Europa occidental y en grupos políticos pequeños pero de constante presencia en los EE.UU. que llevan tiempo manifestándose contra Israel sosteniendo que su presunta intransigencia es la causa de la hostilidad árabe hacia Occidente. Al mismo tiempo, el miedo emergente a Irán ha generado un reordenamiento de las prioridades en el mundo árabe. Para los estados sunnitas moderados, la principal preocupación pasó a ser el peligro de un Irán dominante y nuclear. La confluencia de factores e inquietudes estadounidenses, árabes, israelíes y europeas alienta la expectativa de que un acuerdo entre Israel y sus vecinos árabes pueda aliviar, o incluso resolver, sus temores comunes.

Hasta donde la diplomacia podrá cumplir con estas expectativas

Seguramente esto se apreciara cuando llegue el momento de la implementación, es posible que allí se presenten una serie de cuestiones de naturaleza técnica, pero indefectiblemente dilatorias. ¿Cuáles serán las consecuencias de un impasse en este escenario? 

En las presentes rondas diplomáticas es más que evidente que los interlocutores de ambas partes enfrentan posiciones internas inestables. La coalición que gobierna Israel colapsó y los niveles de aprobación del gabinete se miden en sus puntos más bajos. La eliminación de los asentamientos de Cisjordania constituiría una experiencia traumática para Israel; tanto más, cuanto que las concesiones israelíes -retirada de los asentamientos- “son concretas, inmediatas y permanentes”, mientras que las concesiones árabes -reconocimiento de Israel y normalización de las relaciones- “son abstractas y revocables”.

Lo que si es claro de cara al futuro, es que el proceso de paz se fusionará con los conflictos genéricos de Oriente Medio. La conferencia de Anápolis definitivamente no será el fin de un proceso; si no que debería ser el punto de partida de una nueva etapa potencialmente esperanzadora que se debe continuar en futuras administraciones. Y no debería guiarse por la agenda o el calendario político estadounidense. Si se les pide a los países árabes amigos de los EE.UU. y a Israel que soporten más de lo que son capaces de resistir se corre el riesgo de tensar la situación que inexorablemente acabaría en un estallido de mayor magnitud y gravedad. 

Cualquier acción preliminar que presione y acose la capacidad política de las partes impedirá el progreso definitivo y no haría más que estimular a los radicales para desestabilizar con ello a la región entera. El liderazgo estadounidense sobre la base de parámetros realistas con Israel y los países Árabes moderados constituye un requisito previo ineludible para el éxito en Anápolis. De no ser así, es un llamado al impasse y al aislamiento estadounidense. 

La firmeza de las fuerzas de moderación depende de la posición de EE.UU. en la región y no sólo con respecto a Palestina. Como en Irak, tampoco en Palestina la influencia estadounidense se verá favorecida por una imagen de retirada. Todos los pueblos de la región, amigos o enemigos, estarán juzgando la suma total de los objetivos de EE.UU. y desde luego su esfuerzo real, concreto y genuino para alcanzarlos.

 

George Chaya Copyright 2007/American's Daily US.

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