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OJOS AZULES, un cuento de POLDY BIRD

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OJOS AZULES
 
Desde que me dijeron que te ibas a morir hasta el dia de tu muerte, pasaron treinta y tres dias.
Tres millones de veces latió mi corazón en esa espera aterrorizada, con el llanto encadenado en la garganta, simulando una sonrisa serena, esperanzada, mientras te miraba consumirte, temer, interrogarme con tus ojos azul de cielo despejado, de acuarela de mapa, de mediterráneo transparente.
Eras el hombre que me hacía sentir hermosa.
Quizás esto que parece trivial a muchos, fue lo mas intenso de nuestra relación.
¡Es tan importante para una mujer que el hombre que ama la haga sentir hermosa! ¡Y deseada, deseable, conmovedora,viva!
¡Oh, Dios, te supliqué tanto un milagro!
¡Por un año más de vida juntos, te ofrecí todos los años que me quedaban por vivir!
Dios de mi rezo diario, ¿no lo estabas mirando? ¿no veias su bello cuerpo de hombre estremecerse por el sufrimiento? ¿no lo estabas oyendo? ¿no escuchabas el grito de cada una de sus células implorando vivir?
Treinta y tres años, Cristo, estuviste entre tus hermanos y enemigos para morir con gloria y sin olvido.
Treinta y tres dias duró la agonia, mi pobrecito amado.
A Ti te crucificaron y te hundieron la lanza en el costado del vientre.
A él, la moderna sociedad que gasta millones de dólares en fabricar la destrucción, no pudo ofrecerle más remedio que la espera y una punción en el costado del vientre para aliviarlo apenas. . .
Y ahi estaba mi hombre, mi amado, mi compañero, mi calor de la noche, mi despertar sonriente, mi olor a cigarrillo, mi abrazo, mi cansancio, mi alegria, mi dolor, mi desvelo, mi enojo, mi asombro, mi ramito de lluvia, vuelo de colibrí, aljaba florecida, jazmín de diciembre, albhaca perfumada, mar de enero, viaje a España, velero . . .
Allí, un universo que se iba transformando en lágrima y ceniza.
Mi hombre muriendo, llamándome cada vez que me alejaba tres pasos de su cama, diciéndome "Te quiero", haciendo planes para nuestro futuro, preguntando: "¿Cuándo vamos a casa? quiero ver a mi perra Maravilla".
Oh, Maravilla todavía lo espera a las siete de la tarde, parando las orejas, creyendo adivinar el sonido de sus pasos que entran, cada vez que el escensor se detiene en nuestro piso.
Y hasta yo, que te tuve apretadas tus manos entre las mías hasta que exhalaste tu último aire, yo que apoyé mi cabeza sobre tu pecho cuando el silencio apagó los latidos de tu corazón. . . hasta yo levanto la cabeza aguardando verte llegar, con tu invariable saludo de "hola cachivache" y un beso en la boca, estuviera quien estuviese.
Y a cada rato voy a comentarte algo, o pienso "esto se lo tengo que contar a Eduardo". . .
No puedo pensar en vos como si no estuvieras.
Porque estás en el gusto de lo que saboreo, en el olor de lo que me rodea, en estas sábanas sobre las que me hacías el amor, en los discos que escuchábamos juntos, en tu ropa en el placard, en las lucecitas del anillo que me regalaste.
Estás en los frasquitos de especias de la cocina, en tus lociones del baño, en mis cartas que guardabas tan cuidadosamente en una caja de cigarrillos, en tus cartas que yo guardo cuidadosamente, en el paquete de yerba empezado, en la solidaridad de los amigos que no cesan de acercarse.
Y estarás en tantas cosas que haré en el futuro y habíamos proyectado juntos.
Fueron siete años intensos.
Y sólo una cosa me arranca de la desesperación: saber que por suerte los vivimos.
Que tuvimos la dicha de encontrarnos.
Que nuestros antiguos dolores se convirtieron en un triunfo de amor.
Que nos tuvimos.
Que pudimos compartir todo lo que un hombre y una mujer pueden compartir.
Que no envejecimos juntos, pero gastamos con fruición y con fuerza el esplendor de siete años como soles, como jardines, como infinitos huertos. . .
Ahora apagaré la lámpara y me dormiré de tu lado, con la cara sobre tu almohada llena de tus pensamientos.
Y luego iré al mar, para enjuagar en sus aguas de vida las sombras de treinta y tres dias de dolor y agonía.
Y juntaré caracolas, como todos los veranos, para que sigas haciendo cosas con mis manos,  y con mis pisadas dejes tus huellas en la arena.
Porque mi cuerpo seguirá siendo siempre la casa de tu alma.
Y el cielo de la tarde siempre será tus ojos azules.
Y siempre que lo mire te estaré mirando, como cuando nos decíamos que estábamos enamorados usando las miradas en lugar de las palabras, y a los dos nos corría electricidad por la espalda y terminábamos abrazados en la cama. . .
¡Ay, ojos de cielo azul!
Ay, no puedo evitar (¿podré algun dia?) que hasta ese cielo se remonte el barrilete claro de mis lágrimas.

Comentarios

Agostina Escribió :

Para Poldy si alguna vez lo lees: no puedo evitar quedarme ciega de tantas l√°rimas cada vez q leo este cuento. Tengo miedo de empezar a leerlo. De solo ver el t√≠tulo, el coraz√≥n bate fuerte en mi pecho, y se lo que viene despu√©s. Catarata de recuerdos que me ahogan, y me hacen volver a esa vida que tanto extra√Īo. Cada vez que te leo poldy, es como volver a "estar" aunque sea un rato nom√°s, con ese hombre, el √ļnico que me hizo sentir asi de viva, y que Dios (que cuando tiene que escuchar es sordo) me rob√≥.Gracias Poldy, Gracias.

Escrito en: Diciembre 10, 2007 03:29 PM

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