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APARECISTE EN MI VIDA I

Apareciste en el jardin de mis ilusiones un día inesperado. Fue una mañana en la primavera pasada cuando al bajar de la combi me encontré una imagen que me hizo temblar de emoción, una espléndida figura con un libro entre los brazos, una cara tan linda que mostraba una mezcla de altivez y de ternura y tu andar de auténtica reina…y pasaste junto a mí, pero ni siquiera me miraste y yo…yo traté de ser indiferente, sin embargo, las palpitaciones que provocaste me decían que no eras alguien común. Me detuve algunos segundos en pensar en lo ocurrido: ¿cuántas veces me encuentro con chicas lindas aquí y allá y no pasa nada?. En verdad me hiciste creer en las almas gemelas, en el amor a primera vista…¡Tonterías!, -pensé yo-, seguramente en media hora ya la habré olvidado. Y así fue, de hecho no me acordé de ti hasta la madrugada en que te ví nuevamente en mis sueños. En esa ocasión, desperté con una sonrisa y sentía una gran paz en el alma y pasé una estupenda hora de insomnio, pensando uno y mil disparates acerca de la chica que me había robado el descanso y de la cual no sabía ni siquiera su nombre.

 A partir de ese día, cada mañana al bajar de la combi, con anhelo secreto esperaba encontrarte y cuando así ocurría, hacía lo posible por ser muy indiferente, por pasar desapercibido, por aparentar mucha prisa. Recuerdo que a veces te veía sonreír y eso no hacía sino incrementar el brillo que ya poseías. A veces me daba cuenta de lo inútil de pensar en ello y me decía a mí mismo: - No cabe duda que entre más viejo te haces, más necio y estúpido te vuelves, piensa en que tienes una pareja en este momento, que tienes planes y además esa chica, por muy encantadora que sea no sabes nada de ella…-

 Decidí seguir con mi vida de rutinas, de compromisos, de problemas, de aventuras. Para mi mala suerte fue cerrado el grupo donde tomaba clases debido a que no se reunió el cupo mínimo requerido, así que decidí tomarme un mes de "descanso", tiempo en el que muchas cosas de mi vida cambiaron, incluyendo el romper con mi pareja y empezar a pensar qué haría finalmente con mis huesos, fue también el tiempo en el que junto con mi hermano, nos mudamos a un pequeño departamento y empezamos una vida totalmente independientes, sin dejar de apoyar a nuestra madre y a los eventuales problemas que surgen en todas las familias, en fin, parecía que la vida continuaba.

 Comenzaba el verano y yo sentía que me estancaba, así que decidí acudir un mes como oyente en el Instituto, en lo que se abría el nuevo grupo que me interesaba, el único inconveniente era que debía tomar clases hora y media antes del horario acostumbrado, me pareció buena idea, aunque he de confesar que detesto levantarme temprano; aún así, allí estaba yo, valientemente un lunes tomando la clase y ésta ocurrió sin contratiempos, incluso me encontré con algunos buenos amigos de cursos anteriores.

 Llegó el martes en que honestamente creí que sería un día más de monotonía. Llegué puntual a clases y me disponía a preparar mi libro y lápiz cuando de pronto apareciste por la puerta y …no sé, tal vez fueron sólo algunos instantes, en que sentí el tiempo fluir muy lentamente, todo alrededor llegó a ser tan trivial, tan sólo veía tu cabello largo, tu cara de ángel y por primera vez tu mirada que se topaba con la mía. Me sentí totalmente inquieto ya que creí haber revelado más de la cuenta en ese momento y a la vez trataba de asimilar tantas cosas en tanto que pretendía atender al profesor y a la revolución de emociones que me recorría. Atiné a garabatear algunas cosas sin sentido aparentando tener el control y cada cinco segundos lanzarte miradas furtivas sin que te dieras cuenta, intentando robar pedacitos de imágenes para disfrutarlos en la soledad en cuanto volviera la calma. He de mencionar que tal vez ni te enteraste que yo estaba allí y al finalizar la sesión te esfumaste tan rápido que me dejaste pensando en la posibilidad de haber soñado despierto otra vez.

 Pasaron lo días y yo no perdía la oportunidad de tomar la clase a tu lado, de tratar de saber más de ti. Cada mañana adquirió un sentido especial, pues aunque sólo era hora y media la que podía verte, eras como un delicioso misterio que se disfrutaba poco a poco. Los fines de semana se volvieron eternos, esperando con ansia que dieran las siete del lunes para ver tu llegar somnoliento y tu cabello mojado y preguntarme cómo sería recibir tu amor o al menos un beso tuyo. ¡Qué lástima que no entiendas el lenguaje de las miradas!, porque así sabrías las tempestades que provocas en mi pecho, las horas que me haces perder en el trabajo a causa de tu recuerdo y toda la vida que se me está escapando sin que te des cuenta.

 El día de hoy no fuiste a la escuela,…¿sabes?, creo que estoy enamorado de ti. Últimamente he pensado que muchas cosas nos separan, como el agua y el aceite: yo soy signo de aire y tú de agua. Tal vez, toda esta historia que me he imaginado está mal, pues si yo te interesara al menos un poco, tratarías de conocerme, de hablarme, de darme alguna señal, pero…

 ¡Claro!, estoy enamorado de la persona equivocada una vez más, sólo a mí puede pasarme . No sé ahora hacia donde irá todo esto, lo único cierto es que seguiré dedicándote canciones y cielos estrellados, momentos y suspiros, sonrisas y miradas, hasta que el destino así lo quiera… 

 

 

 

 

 

 

 

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